
No importa el país —en este caso, el Reino Unido- ni el sector —como el de las galletas, en este caso McVities-: el problema de la organización personal sigue siendo
universal allá donde vamos.
Algunas empresas creen que la solución está en tener oficinas bonitas, clases de mindfulness o café gratis. Otras, más avanzadas, como PLADIS, saben que la verdadera solución pasa por transformar las formas de trabajar y de organizarse — y eso requiere invertir en ayudar a sus líderes a lograrlo. Incluso los líderes de fábrica, capaces de dirigir a miles de personas, reconocen que si ellos mismos no se organizan bien, nada acaba funcionando, por muy grandes ingenieros y protesionales con experiencia que sean. Esta es la co-responsabilidad por parte de la organización.
Aun así, algunos directivos siguen viendo como «normal» —o culpan al entorno — sus semanas llenas de reuniones y la gestión infinita de emails, mensajes de Teams y notificaciones del móvil, sin tiempo individual para lo realmente importante. Y hay mucho que cada uno puede hacer para evitar lo que nosotros llamamos la rueda del hámster de las M&M’s: meetings, mail, móvil y mensajes de Teams. Pero seamos sinceros: en ocasiones es más cómodo — o incluso más humano- dejarse llevar. Esta es la co-responsabilidad por parte del profesional.
Con ese esfuerzo compartido —de la empresa y del individuo— está en nuestras manos mejorar y aspirar a una vida equilibrada entre lo personal y lo profesional, sea cual sea nuestra situación.
Pero hay una verdad que no podemos ignorar: quien quiera conciliar tiene que ganárselo. Y esto requiere
estuerzo.
Tres pasos, en ese orden: aprender las claves de la organización personal, hacer una autoevaluación
honesta y cambiar determinados hábitos y rutinas.
No es fácil, aunque sí mucho más sencillo que muchas asignaturas universitarias o retos deportivos a los que muchos nos enfrentamos. Y el retorno es incalculable: influye directamente en alcanzar una vida plena.