Dos reflexiones poderosas: Fake productivity + Líderes desorganizados

¿Se puede ser un buen líder sin organizarse bien? 

En los pre-reads que enviamos a nuestros clientes siempre les planteamos esta pregunta. Y sus respuestas son muy reveladoras.

Un rotundo no, sustentado por reflexiones como las que aquí adjuntamos:

  • «No puedes ser un modelo a seguir si transmites falta de organización y caos»
  • «¿Cómo vas a ayudar a tu equipo a organizarse si tú mismo no lo estás?»
  • «Sin organización personal, no hay claridad sobre lo que realmente es prioritario»
  • «No tienes tiempo de calidad para dedicar a quienes más te necesitan»
  • «No me digas que puedo llegar a ser tu sustituto, pues veo tu vida y para nada la quiero para mí»

Esta última nos dejó pensando mucho en relación con el tema de fidelizar el talento.

Sus respuestas son potentes, pues se nota que nacen de experiencias previas. Han vivido en carne propia las consecuencias de ser liderados desde el caos, y reconocen que la desorganización no es solo un problema de su líder o mánager: es un virus que acaba afectando a todo.

En paralelo, este fin de semana descubrí un concepto que me captó y me hizo pensar: FAKE PRODUCTIVITY o productividad falsa. Es ese teatro constante de parecer ocupado mientras evitamos consciente o inconscientemente lo verdaderamente importante. Es a lo que nos solemos referir con estar en la rueda del hámster de los M&Ms: mails, meetings, móvil y messaging de Teams.

Realmente, no es pereza, pues ocupado sigues. En algunos casos es procrastinación; en otros es supervivencia activa ante la falta de claridad sobre lo que realmente se espera de nosotros, pues tu líder no ayuda. Esto conecta con lo que señalábamos arriba: un buen líder debe organizarse bien por muchas razones, pero la principal es ayudar a su equipo a alinear prioridades.

Como bien leíamos en un artículo de TOI Education: «La productividad falsa no es pereza, es un síntoma de sistemas desalineados. En el lugar de trabajo actual, la visibilidad se ha convertido en un indicador de valor. Los equipos se están adaptando a una cultura en la que ser visto supera la producción de resultados».

Tremendo.  Esta realidad es más común y extendida de lo que nos atrevemos a reconocer cuando ocurre en nuestra propia empresa o área de responsabilidad

¿Cómo rompemos este ciclo vicioso? La solución requiere cuatro pasos fundamentales:

1. Aceptar con humildad nuestras áreas de mejora Como líderes, reconocer honestamente que necesitamos organizarnos mejor para dedicar tiempo real a nuestro equipo.

2. Crear claridad sobre lo más importante Ser conscientes de que nuestros equipos muchas veces no tienen claridad sobre lo que esperamos de ellos. La ambigüedad genera esa productividad falsa.

3. Ayudarles a que sean contundentes con su priorización Guiar a nuestro equipo para que pase de «decir sí a todo» a «adaptar el calendario a lo verdaderamente prioritario» y ser valientes diciendo que no.

4. Implementar seguimiento ágil En lugar de esperar 6 meses para descubrir si el equipo está rindiendo, crear sistemas de medir sus progresos mensuales para poder darles feedback y provocar ajustes rápidos y apoyo dirigido.

Líder, hazlo por ti mismo si no lo haces por otros. La desorganización no es solo un problema personal, es una bomba de tiempo que tarde o temprano afectará tu credibilidad y resultados. También lo hará a tus equipos, a su balance entre lo personal y profesional y a su felicidad más de lo que puedes creer.

Pregúntate: ¿Estás liderando con el ejemplo de organizarte bien: priorizo, planifico y ejecuto protegiendo mis planes? ¿O estás contribuyendo sin darte cuenta a esa cultura de productividad falsa, pues no saben qué se espera de ellos?.

El cambio real empieza cuando tenemos la valentía de mirarnos al espejo y actuar en consecuencia.

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